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Hablar en público. La trampa que te hace invisible en tu negocio.

Ponentes en mesa redonda debatiendo sobre neurocomunicación y cómo evitar la invisibilidad al hablar en público.

Seamos brutalmente sinceros: el mundo de los negocios está saturado de clones. Mi objetivo es que empieces a comunicar para facturar, influir y liderar. Y eso no se logra imitando a otros.

Seguro que lo has sufrido en videoconferencias, congresos y reuniones diversas.

¡Dime! ¿Con qué cara mirabas a ese directivo del que no te creías ni una sola palabra?

Seguramente sean esos “altos responsables” que hablan con una sonrisa excesivamente forzada en la boca y que los hace muy previsibles, o emprendedores que creen que están en el club de la comedia y fuerzan el chiste hasta el ridículo más absoluto.

Es como si fueran todos similares, ¿verdad? Muy académicos y poco naturales. No transmiten veracidad y, por lo tanto, son absolutamente olvidables.

Ejemplo de comunicación no verbal ineficaz y falta de veracidad en una reunión de equipo empresarial.

Todo esto se debe a un abuso de la técnica y a poco tacto a la hora de buscar tu esencia comunicativa.

Esto, suele suceder cuando hablan en público, pero también cuando ponen en juego sus habilidades sociales en privado, en entornos más reducidos, en conversaciones complicadas o en reuniones de trabajo. No captan la atención, no generan confianza, no hay complicidad.

¡Hay solución!

Es algo muy común, empezar la casa por el tejado en el campo de la comunicación. Precisamente porque todo lo queremos rápido y al instante. Y esa no debería ser la mejor forma de empezar.

Hay procesos que se consiguen mucho más rápido y con menos esfuerzo si se toman desde un aprendizaje un poco más profundo, para luego ir más rápido que los demás. Al menos al principio.

Es muy interesante proponerte contenidos de valor como:  «10 claves infalibles para no ponerte nervioso”.  Son píldoras de oratoria que yo mismo pongo en práctica en mis formaciones o a la hora de ofrecer contenido de valor a mi comunidad. También muy útiles para que te animes a contactar por email. Pero la experiencia me dice que hay que utilizarlas cuando realmente procede.

Son complementos útiles para segmentar el aprendizaje, pero nunca la base. Para que un comunicador crezca de verdad, necesita consolidar su autoconocimiento y el análisis de su comunicación verbal, para potenciar sus  capacidades comunicativas reales.

Primero extraemos tu singularidad y tu talento; después, y solo después, llega la técnica.

No quiero que «aprendas a hablar en público«. Darte la píldora mágica para conseguirlo sería engañarnos. No existe. La cosa no funciona así desde el ángulo profesional que abordo.

Quiero que aprendas a ser “tú” tanto en público como en privado.

Si lo consigues, tu lenguaje verbal acompañará al no verbal y eso no tendrás que medirlo, tendrás que sentirlo. Eso se descubre, se vive, luego se entrena. Y no al revés.

El cortocircuito cerebral de la técnica impostada.

Es cierto, la técnica sin esencia es ruido para el cerebro.

La neurocomunicación nos enseña algo fascinante sobre cómo procesamos la información. Nuestro cerebro y el de los demás tienen un «detector de mentiras» biológico. Evolutivamente, estamos programados para buscar coherencia para decidir si confiamos en alguien en cuestión de milisegundos.

Cuando intentas adoptar un lenguaje corporal que no es tuyo, o formas de expresarse contradictorias, se produce lo que llaman disonancia. Tu cuerpo dice «A», tu voz impostada dice «B» y tus microexpresiones dicen «C».

¿El resultado? El cerebro de tu audiencia entra en alerta. No saben por qué, pero «algo no les cuadra». Y en los negocios, si no hay confianza instantánea, no hay conexión ni venta. Te vuelves invisible porque eres uno más en el catálogo de «gente que habla correctamente, pero no transmite nada».

La clave: conectar y transmitir el mensaje.

imagen i.a de dos personas que conectan en su comunicación. Aparecen luces y sobreimprsiones de desdoblamiento de cuerpos para mostrar la conexión.

El viaje es de adentro hacia afuera.

Cuando acompaño en este proceso a alguien, no empezamos con el diafragma, empezamos con la singularidad.

La verdadera comunicación es —esa que cierra tratos, que atrae a las mejores empresas y que enamora a tu audiencia— no es un barniz que te echas por encima cuando quieres. Es un proceso basado en una comunicación natural, emocional y competente.

Así es como entiendo el trabajo con las soft skills.

Lo bueno es que lo llevas de serie. Tu distinción es tu singularidad, y todos la tenemos. Hay que darle forma y mimarla para extraer todo nuestro talento.

Ya no vas a competir por precio; empiezas a competir por autoridad.

¿Bajamos al barro? Esto es lo que pasa cuando dejas de parecerte a los demás.

Olvidemos por un momento nuestro cargo en la empresa. Lo que debemos o tenemos que expresar, lo que los demás necesitan de nosotros en nuestro negocio. Simplemente déjalo estar, como si estuvieras en una sesión de mindfulness.

El emprendedor, el jefe, el líder o los tres a la vez los llevamos dentro. O quizá no, eso ya se verá. Lo que nunca hay que hacer es impostarlo o provocarlo para que salga.

Te la vas a seguir jugando cada mañana en tu negocio con tus responsabilidades, eso es así. Por tanto, seguir las tendencias de todos te llevará a estresarte. Otra cosa es que vayas de original y no hagas caso a lo que “se oye afuera”. Estarías en un error también. Pero, ya sabes, eres una persona inteligente y sabes leer entre líneas.

Mira cómo cambia el cuento cuando dejas de usar el disfraz de empresario:

  • Dejas de ser ruido de fondo en tus redes: con esta mentalidad es muy probable que no utilices las mismas frases hechas al venderte en Linkedin. Es probable que el cerebro de los demás haga «clic» y conecte contigo sin necesidad de mirar si eres Chairman, Ceo o Mancebo.
  • Desprendes cercanía, quieren estar contigo. Ya no entras en una reunión de equipo y hablas como un manual de instrucciones. Ves caras relajadas o sin distracciones porque vas siendo más líder sin ser jefe.
  • Hablas desde tu verdad. Por mucha responsabilidad en la empresa que tengas, ¿crees que es malo que te sientan vulnerable? —con tus dudas, tu pasión y tu forma única de ver las cosas—, sus cerebros se iluminarán. Lo diferente no se ignora; lo perfecto, sí.
  • Consigues que bajen la guardia. Y entonces esa vulnerabilidad se va al otro bando. Esto es fantástico. Somos humanos. Si mantienes barreras muy protocolarias, el cerebro del otro huele el «personaje» y se pone a la defensiva. En cambio, cuando tu ansiedad por conseguir algo no se demuestra, ya no hay un combate de boxeo, hay una conversación. Comienzan las habilidades de comunicación. Es ahí donde se cierran los mejores acuerdos.
  • Entiendes que te puedan seguir, o no. El liderazgo no es un título que pones en tu perfil, es una vibración. Tu ego te va respetando y te vas entendiendo. Comprendes tu lenguaje, tus formas, tu temperamento y sabes que no vas a gustar a todos y que debido a eso algunos acuerdos no llegarán con ciertas empresas o personas. Tener consciencia de esto es  tu mejor arma si dejas de intentar ocultarlo.

Resumen en tres coordenadas para que tu mensaje no muera en el intento.

Si quieres que tu comunicación empiece a facturar por ti…

  1. Aprovecha tu «imperfección»: ¿Te has trabado al hablar? ¿Te has emocionado de más? Genial. Eso te hace humano. Un líder que reconoce que no tiene todas las respuestas conecta mil veces más que uno que finge ser infalible.
  2. No busques el aplauso, busca el impacto: Olvida si has movido las manos en el ángulo correcto. Pregúntate: «¿Me han entendido? ¿He logrado que sientan que mi proyecto les importa?». Si la respuesta es sí, el resto es secundario.
  3. Entrena tu «verdad»: La comunicación es como un músculo, pero no se entrena en el gimnasio, sino conociéndote. Cuanto más sepas quién eres tú (con tus luces y tus sombras), más fácil te será abrir la boca y que lo que salga tenga peso.

Al final del día, la viabilidad de tu negocio depende de una sola cosa: ¿cuánta confianza eres capaz de generar en diez minutos? Yo no te voy a enseñar a «dar un discurso» para que te den una palmadita en la espalda. Te voy a ayudar a que saques al comunicador real que llevas dentro, para que tu comunicación brille, perdure en tu interlocutor y sea natural, emocional y competente.

¡APÚNTATE ESTO!

¿Alguna vez has sentido que lo que querías decir y lo que los demás han entendido son dos galaxias diferentes? A veces, el problema no es tu mensaje, sino que tu «frecuencia de radio» (tu ADN comunicativo) está haciendo interferencias.

Si quieres saber cómo tu carácter está mandando mensajes constantemente, no te vayas muy lejos.

Tengo para ti este artículo que igual te interesa: «El ADN de tu comunicación: El espejo que revela quién eres realmente cuando hablas».

Escucha los 10 errores de COMUNICACIÓN más comunes y descubre cómo evitarlos hoy mismo.


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